Miguel Nowe Meyak Ishmant Lupino
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Hoy comparto con vosotros una nueva reseña de una nueva Partida de Massive Darkness, Caja Básica, Libreto Original de Aventuras, GESTA 7 - CHISPAS EN LA OSCURIDAD

Una vez más, voy a utilizar mis Introducciones Opcionales para comenzar la narración de la partida que he realizado también en esta web, con las que comenzar la aventura.

Ésta es mi segunda Reseña de partida sobre Massive Darkness, continuando la anterior reseña y la saga de la misma: https://boardgamegeek.com/thread/2084737/mision-6-el-tesoro-... aunque ahora Owen y Sybil ya utilizan habilidades de Nivel 5, mientras Bjorn ya ha alcanzado el Nivel 4, en cuyo caso ya están en disposición de... DESATAR TODO EL PODER DE SUS HABILIDADES Y LOS OBJETOS QUE PORTAN.
Los poderes de los antiguos Portadores de la Luz inflaman sus cuerpos, mentes y corazones, y la cruzada que comenzaron con más penalidades que logros, les han llevado a obtener los trofeos más importantes con los que se lanzan sin temor y duda hacia la lucha para hacer retroceder a las Tinieblas hasta su raíz, y que allí resequen y mueran.

La Crónica de La Punta de Lanza sigue su camino.

Os presento la...

...MISIÓN 7 "Chispas en la Oscuridad"

INTRODUCCIÓN OPCIONAL

Venid, nuevos Portadores de la Luz. Me enorgullece ver que, después de las vicisitudes que habéis pasado hasta llegar aquí, se os vea tan diferentes, tan crecidos y dispuestos. Y es esa disposición la que ahora se precisa más.
Habéis hecho daño a la Oscuridad, y sois un peligro real, ahora lo sabe. Y por eso lo que estábamos temiendo se ha puesto en marcha: los ejércitos de las Tinieblas se reúnen y movilizan, preparándose para realizar ofensivas y maniobras a una escala de guerra total. Y con ello están reuniendo poderosos Artefactos para devastar todo y a todos a su paso... incluso a los Portadores de la Luz.
No hay mucho tiempo de prepararse para la guerra, pero sí quizá para un golpe bien calculado, si aceptáis el riesgo.
Necesitáis recuperar algunos de esos Artefactos para vuestros fines y así mejorar vuestro poder en la lucha, y sobre todo acabar con algunos de los aliados más fuertes de las Tinieblas, cortando otra cabeza de serpiente que deje sin control a las huestes que comanda, haciendo caer otra ficha en su tablero que os compre una oportunidad para la victoria.
¡Sólo un Portador de la Luz podrá conseguirlo!

1-Ante el inmenso y largo pasillo a oscuras, donde apenas se adivina más allá una solitaria antorcha y algunas esquinas por las que se filtran débiles luces rutilantes, Bjorn, Owen y Sybil acechan la fortaleza de las Tinieblas, esperando encontrar cualquier sorpresa y rechazo de las criaturas que están concentrándose en estos rincones para utilizar los artefactos sobrenaturales que han conseguido acumular, y que podrían convertirse en un azote sobre todas las tierras de alrededor.

2-Cuando Sybil utiliza su sorprendente velocidad para abrir las puertas flanqueando el pasillo, la locura se desata a su alrededor, arrojando desde las sombras una emboscada de enanos del Hacha del Carnicero, orcos salvajes y un peligroso adalid enano oscuro, dispuesto a convocar aún más fuerzas en ayuda de los enemigos que deben someter y aplastar a los aventureros. Pero Sybil no sólo es veloz, sino escurridiza como una tormenta de sombras, danzando en piruetas aquí y allá, mientras su arco dispara una lluvia de flechas que sólo deja en pie al caudillo orco y al adalid enano oscuro, sorprendidos éstos de haberse visto superados, a pesar de su elaborada emboscada.

3-La sorpresa es mucho mayor cuando, el torbellino de cuchilladas de la inmensa hacha ejecutora de Bjorn se tiñe de rojo viscoso y negro tiznado con la sangre del adalid enano y el caudillo orco, llenando de energía el avance del bárbaro, que no satisfecho con la matanza, continúa su camino en busca de más presas.

4-Cuando Owen se reúne con su compañero frente a una puerta que bulle de actividad, espera a que su bárbaro compañero de armas le ceda el paso abriendo la entrada de la guarida en la que una horda de trasgos espadachines parecen estar dispuestos a convertir a nuestros aventureros en simples sobras de carnicería para los perros de las sombras.

5-Sin embargo, cuando las criaturas saltan en masa contra los aventureros, chocan de forma terrible y dolorosa contra las defensas implacables del Paladín de la Furia quien, no sólo con su experto arte en espada y escudo, sino también con las extraordinarias habilidades de su equipo armado, desplaza y desvía ataque tras ataque, haciendo estallar huesos y cartílagos con el filo de su escudo y las descargas de fuerza mágica que éste produce cuando es golpeado ineficazmente por los enemigos. Los adversarios empiezan a caer.

6-A pesar de la estupidez de ver que su ímpetu resulta inútil, pero aún así continuar con el asalto, trasgo tras trasgo muerden el polvo, apartados del camino como la quilla de un barco rompiendo las olas, y pronto Owen se encuentra rodeado de cuerpos exánimes, manchado de su aceitosa sangre verde, y dispuesto a seguir su camino con una sonrisa feroz en su rostro.

7-Molesto por haberse visto superado por la elegancia letal del combate defensivo de Owen, Bjorn no espera a su aliado y echa a correr hacia adelante, pateando la primera puerta que encuentra su camino, buscando adversarios a los que derrotar para recuperar su orgullo. En efecto, al derribar la puerta de un umbral, atrae sobrada atención cuando desde una esquina oscura cargan sobre él una muchedumbre de orcos espadachines asistidos por un brujo orco, invocando sus encantamiento, al tiempo que un puesto de avanzada de trasgos arqueros pretende mantener a raya al humano a distancia, dificultando sus evoluciones mientras los aliados orcos lo rematan. No obstante, una muralla de hachazos es el mejor recibimiento que los orcos de sangre viscosa pueden esperar, siendo golpeados y arrojados por los aires con los sesgos de los poderosos brazos del bárbaro.

8-Por supuesto, Owen sonríe al pensar en el alocado ímpetu de Bjorn, y se acerca con decisión por la retaguardia de los atacantes, desviando sus espadas con soltura, momento en que su escudo y su defensa imbatibles derriban la intención de victoria de los orcos, haciendo que uno más de los enemigos muerda el polvo, observando con atención por el rabillo del ojo cómo los trasgos tensan sus arcos. Detrás, Sybil se apresura a tomar cartas en el asunto.

9-Después de que un escudazo de Owen haga estrellarse al brujo orco contra una pared, destrozando su cráneo y espalda, y dejándolo allí inerte, Sybil se escurre entre sus aliados y, mientras los usa como cobertura y punto de mira, descarga una letal andanada de flechas intercambiadas con los trasgos. Y mientras los proyectiles de los monstruos vuelan ineficaces, siendo desviados por la armadura y escudo de Owen, sin embargo las flechas de la Exploradora son tan letales como un enjambre de furiosas avispas, picando hasta la muerte, atravesando carne y hueso, y derribando uno tras otro a varios trasgos, enfangando la guarida de verdosa sangre oleosa.

10-Después de poner en un serio aprieto a la mayoría de los trasgos, Owen, sin un atisbo de piedad, carga paso a paso, arrinconando a los restantes enemigos contra una puerta cerrada a sus espaldas, donde su espada de fuego se mueve en oleadas ígneas aquí y allá, abrasando carne y calcinando hueso, dejando un reguero de brasas apestosas hasta acabar con la última alimaña. Sin embargo, el fuego de su espada y el humo ocultan una terrible revelación: los héroes no se percatan de que, entre llamas negras como la pez, una figura brota de las sombras de la entrada al complejo, quizá pensando en que no dejará escapar con facilidad a los aventureros por ese camino. Un Demonio de las Tinieblas ha llegado. Temblad, mortales.

11-Pero el temor también parece cosa de los inmortales, pues la Elfa, al observar la aparición desde la esquina de la entrada a la guardia trasgo, toma consciencia de la amenaza inminente. Así, rodando por el suelo y buscando las mejores posiciones de disparo, para evitar un blanco claro por parte de su enemigo, empieza a enviar sus flechas letales hacia la distancia. Impacto tras impacto, rugido tras rugido, es como si la lava de un volcán hubiese chocado contra la orilla del mar, pues los proyectiles, cayendo sin fin como una lluvia sobre un incendio, arrancan ígnea sangre del cuerpo de la bestia abismal, hasta que ésta, desfallecida, se consume en su propia esencia flamígera, y su cuerpo ceniciento, apagado y humeante, cae muerto cuando la última flecha atraviesa su cuello de parte a parte.

12-En el momento en que la bestia del averno queda derrotada, y habiendo observado que la salida más adelante no parece tener cerrojo alguno, aunque sí un complejo sistema de apertura, el grupo decide dividirse para encontrar lo que quiera que pueda abrir aquel acceso, y Bjorn se aleja a toda velocidad, internándose en pasillos de penumbra y pebeteros de antorchas, deseando que su camino sea el acertado. Mientras tanto, en la lejanía, los cánticos de guerra de los enanos del martillo negro se escucha, augurando un sangriento encuentro con tales enemigos.

13-Sin esperar orientación o consejo, Sybil decide buscar a sus posibles enemigos tras una puerta cerrada, abriéndola con sumo cuidado. Pero lo que allí encontró fue una feroz defensa de otro grupo organizado de espadachines trasgos. No obstante, éstos, sorprendidos y sin prestar atención al sigilo de la elfa, son asesinados a toda velocidad y eficazmente, antes siquiera de poder reaccionar con coordinación, sin que el pulso de la mujer tiemble lo más mínimo. Atrás sólo quedan sus baratijas y tesoros rapiñados por los saqueos que estas criaturas han llevado a cabo más allá de su guarida.

14-Owen, impaciente por encontrar los objetos secretos que los monstruos guardan para sí, con la posibilidad de arrebatárselos y darles un mejor uso, sigue el camino de Bjorn entre la penumbra, aunque sus pasos le llevan a una sala cerrada a cal y canto por dos puertas alejadas la una de la otra, donde parece haber una actividad frenética. Por su parte, lejos y más allá de donde Owen alcanza con su visión, Bjorn empuja violentamente con su hombro el portón de una inmensa sala, la cual guarda en su interior un extraño mecanismo con una enorme palanca. Existe la posibilidad de que ese artefacto permita el control de apertura y cierre del acceso bloqueado... pero sólo podrá averiguarlo cuando sea capaz de afrontar un encontronazo con un grupo de aguerridos bárbaros oscuros, guiados por un encorvado hombre sabio tejedor de embrujos, que protegen no sólo el mecanismo, sino los abundantes frutos de sus saqueos.

15-A pesar de que los bárbaros muestran ser enemigos temibles a los que abatir con mucho esfuerzo y dedicación, con la paciencia de un leñador, Bjorn tala vida tras vida, sangre por sangre sin descanso, hasta que su hacha cruza trayectoria con el bastón rúnico del hombre sabio, y la hoja de metal parte en pedazos no sólo el objeto sagrado, sino también el esternón de su enemigo. Respirando pesadamente, Bjorn aparta los cuerpos sin vida de sus adversarios, y dedica un tiempo a deleitarse con las riquezas que éstos tenían acumuladas. Al mismo tiempo, allá a lo lejos, un bramido monstruoso anuncia la aparición de un enemigo muy peligroso y duro, un aterrador ogro colmilludo, cuya raza mostró en el pasado ser dura de pelar y peligrosa en sus ataques.

16-Con confianza, y sola junto a un farol luminoso, Sybil espera con calma el momento en que su arco, tensado y ansioso, cruce su trayectoria con los ojos de los enemigos que se acercan implacables: los enanos martillo negro avanzan con un gutural cántico de guerra en sus labios, esperando aplastar a la delicada mujer.

17-Mientras eso sucede, Owen decide abordar la habitación frente a la que se encuentra por el acceso más alejado de la entrada, con la esperanza de que, si algún enemigo huye de su alcance, sus compañeros puedan interceptarlo y que no de la alarma para atraer a más adversarios. Sin embargo, la cólera en llamas que es su brazo armado, cuando ilumina la estancia y el nutrido grupo de bárbaros espadachines que le lanzan amenazas en su rústico dialecto, se impacienta tanto que empieza una danza feroz, arrancando armas de manos doloridas y vidas de cuerpos abrasados, inflamando el terror en los enemigos que van cayendo asesinados.

18-Sybil, confiada y calculadora, se retira y se funde con las tinieblas, provocando al enorme bruto ogro a que la siga hacia la oscuridad. Éste, babeando con anticipación a la matanza, cede a sus instintos y avanza.

19-Y no sólo el ogro se lanza en persecución de la elfa. La tropa de enanos martillo negro comienza a marchar a ritmo acelerado, golpeando con sus pesadas botas al unísono el suelo de los pasillos, apenas alcanzando a la bestia que los precede, cuando una luz llameante estalla frente al lejano portón trabado sin cerradura: el abismo, habiendo recogido los rescoldos de su anterior criatura, ha enviado a un nuevo demonio llameante, un sabueso infernal, a cazar a la osada mortal que fue capaz de derrotar a su primer engendro. Sybil desde una posición segura entre las tinieblas, calcula sus posibilidades, y relaja sus brazos, dispuesta a desatar muerte y destrucción antes de que la alcancen y aplasten las masas rugientes.

20-Owen, a pesar de percibir el peligro en el aire, sigue dejándose llevar por el incendio de sus emociones transformado en espada, creando un mosáico de luces anaranjadas y sombras con cada golpe de su arma, apartando de su camino a aún más bárbaros derrotados y derribados.

21-Cuando por fin cruza su espada con las hojas gemelas del líder bárbaro, éste salta sobre él tratando de hacerlo pedazos con sus propias armas, pero al chocar contra el escudo de Owen, es lanzado por los aires por una explosión de energía que hace esquirlas sus huesos, sacudidos como por un terremoto. El hombre, cayendo como un fardo desmadejado al suelo, muere al instante. Owen, por fin, está frente al artefacto al que podría dar mejor uso que las manos de estas bestias oscuras.

22-Cuando el Paladín de la furia abandona la guarida de los bárbaros espadachines, sobre su frente luce una corona ancestral que se amolda a sus pensamientos y acelera sus movimientos, hasta hacerlos fulgurantes como el rayo en la tempestad.

23-Solemne y dispuesto para la lucha, Owen continúa su camino hasta que sus pasos lo sitúan junto a la hueste de enanos martillo negro. Ahora su compañera Sybil dispone de un momento de atención desviada de sus enemigos para poner en marcha su propio plan.

24-En efecto, cuando el ogro y los enanos se percatan de la llegada de una nueva amenaza mientras trataban de encontrar a la elfa fugada, ésta sale de su escondrijo y empieza a bailar por el pasillo, rebotando contra las paredes y rodando por el suelo, apostándose en uno u otro lugar entre la oscuridad, y en cada momento en que su movimiento se detiene por unos instantes, flechas incesantes vuelan certeras hacia los enemigos desconcertados, acribillando sus carnes. Uno a uno, los enanos son atravesados y alfileteados, cayendo sin cesar, gruñendo maldiciones moribundos, hasta que sus cuerpos dejan de molestar la concentración de la Exploradora, y ésta pone todo su interés en la gigantesca bestia, bombardeando de nuevo flecha tras flecha su inmenso corpachón obeso. Cuando el monstruo, incrédulo, cae con un estruendo al suelo, su rostro sólo puede mostrar una expresión atontada de sorpresa, antes de que su sangre marronacea y grumosa se mezcle con los fluidos negro tinta de los enanos caídos a su espalda. La cacería ha sido todo un éxito.

25-Señalando con su infalible arco en dirección al carnívoro llameante, la mujer incita a la criatura a concentrar todos sus sentidos en ella, porque el monstruo pretende ser su siguiente presa a abatir. El ser, ofendido, ruge furiosos y las llamas de su cuerpo se avivan.

26-Mientras que, en las profundidades del complejo, Bjorn dedica un tiempo prudente a estudiar el mecanismo que debe activar, para evitar accidentes imprevistos, en otro lugar, el can llameante se lanza en una carrera alocada contra la elfa, cuando tras él, más allá de la penumbra, otra hueste de arqueros trasgos avanza sin orden, chillando ansiosa, guiada por un doctor brujo trasgo que concentra su voluntad en hacer realidad su magia, para formar una línea de defensa ante el portón atrancado sin cerradora. Los trasgos preparan sus arcos, al tiempo que una bruma de hechicería los envuelve, presta a liberarse.

27-Pero la magia jamás llegó a manifestar su poder sobre los hombrecillos, porque la mano de Sybil fue más rápida que la voluntad arcana del trasgo brujo. Cuando éste abrió los ojos para manifestar su poder, no se había percatado de una marea de zumbidos a su alrededor y gorgoteos que se escuchaban tras unos golpes secos a su alrededor. El conjuro se detuvo a medio camino de sus labios, al observar a todos sus esbirros muertos a flechazos a su alrededor, y más allá, sólo un pasillo oscuro vacío, como si la mismísima oscuridad fuese la responsable de la muerte de sus acompañantes. Por supuesto, Sybil ya había salido del alcance de la magia a toda velocidad, dejando a su paso a un confuso y aterrado mago trasgo.

28-Owen, encontrando indigno combatir en ese momento con la pequeña criatura, prefirió abrir la puerta a su lado para buscar un frente más apropiado a sus habilidades. Y, en efecto, un adalid trasgo, desenvainando su espada ante el bullicio junto a sus aposentos, se encaminaba hacia la puerta que ahora cercaba el Paladín de la Furia. Sorprendentemente, un honorable combate e intercambio de golpes, lances, tajos y envites se celebró en aquel lugar singular, dejando derrotado y arreciado por las llamas el cuerpo del trasgo, antes de que Owen se molestase en observar a su alrededor los tesoros que la criatura guardaba con mesura en aquel rincón de la fortaleza subterránea.

29-Cuando Sybil hubo recuperado lo suficiente el aliento, retrocedió el camino andado hasta Owen para ver qué había sucedido con su compañero, momento en que observó que había dejado a su paso a un enemigo vivo: un hechicero brujo que parecía intentar utilizar su poder de forma inapropiada, confuso por su propio temor. Una flecha infalible, un pequeño pecho hendido hasta el otro lado del cuerpo, la caída de un cuerpo muerto, y una pregunta sobre el estado de salud a Owen fueron suficientes para que la elfa volviese a su puesto, investigando qué había más allá del pasillo que había abandonado momentáneamente. Sin embargo, el peligro se cernía mucho más lejos: allá, junto al mecanismo que Bjorn estudiaba y vigilaba, unos pasos que hacían temblar el suelo y el sonido del resollar de unos ijares anunciaba la llegada de un monstruo temido y recordado en pesadillas por los héroes: un minotauro.

30-Con una mirada enloquecida por el recuerdo, Bjorn agarró su hacha hasta que los nudillos se le volvieron blancos, y aullando de cólera se abalanzó contra la criatura. En ese momento, comenzó un intercambio de embestidas, hachazos, golpes trabados de astiles, ataques desviados y rechinar de metal contra metal cuando ambas hojas de las armas se encontraban en el aire. Aquél encuentro era terrible, y la sangre roja y marrón se mezclaban en el suelo salpicadas sin descanso, entre barruntos animales y palabras farfulladas de amenaza e insulto.

31-Cuando Owen hubo resuelto encontrar los objetos más apropiados para la continuación de su misión, se reunió con Sybil, esperando ser un buen apoyo si ésta necesitaba de sus poderes sanadores.

32-Pero cuando Owen alcanzaba a la elfa, ésta salió disparada a toda velocidad, guiada por el poder de sus botas sobrenaturales, que le conferían una velocidad y gracia antinaturales. Al final del camino que había tomado, encontró el acceso cerrado a un enorme salón de aspecto enigmático, y cuando fue a abrir sus puertas, de la oscuridad hasta la luz del rincón iluminado por unas trémulas antorchas, una nueva horda de trasgos espadachines trató de hacerla caer entre sus espadas. Pero la mujer era más rápida, mucho más rápida. Esquivando tajos y acometidas, bailó en el filo de las espadas, atravesando el portón dejando volar flechas tras ella, acabando con algunos enemigos, y desafiando a otro peligroso grupo armado de enanos martillo negro. Su líder, al verla, la señaló con una orden a voz en grito para azuzar a sus siervos. Sin embargo, la velocidad cegadora y los movimientos escurridizos de la mujer la convirtieron en un borrón que pasaba alrededor -entre saltos y piruetas- de los cuerpos achaparrados, hasta llegar junto a un enorme aparato que sostenía una gran palanca, cuyos fines no estaban claros. Encaramada al mecanismo, la elfa dejó volar una oleada de flechas, tan mortíferas que se convirtieron en la ejecución de todos los enanos protectores de tal aparato. Apenas sí fueron capaces de ser conscientes de que Sybil los había superado en posición como de ser conscientes de sus muertes prematuras, sólo cuando sintieron la sangre brotar y salir de sus cuerpos por precisas heridas de una flecha.

33-Habiendo perdido de vista a su presa, y confusos por lo sucedido, los trasgos buscaban por todas partes, hasta que, en un cerco de luz, la solitaria figura de Owen los llamaba a la lucha. Reorganizándose, cargaron enfurecidos contra este nuevo humano transgresor. Él pagaría la insolencia de la mujer.

34-En efecto, la insolencia del Paladín fue puesta a prueba como un estrepitoso fracaso cuando, provocado por los rugidos dementes de los trasgos para que se defendiese, el hombre avanzó contra ellos con la mirada firme llena de resolución. El fuego de su espada era sólo una imagen del fuego de su corazón, y llama tras llama, impacto tras impacto, los trasgos se dieron cuenta de que no sólo había sido descuidado tratar de emboscar a una mujer solitaria, sino que enfrentarse a un hombre acorazado y armado con un arma de fuego era la segunda peor idea del momento, al ser testigo el líder de la avanzadilla como sus acompañantes cayeron, uno tras otro, bajo el fuego de la furia.

35-Al ver que, a pesar de sus intentos de activar el mecanismo, éste no respondía adecuadamente, Sybil se movió como el viento para salir de la habitación, pasar inadvertida junto al encarnizado combate de Owen y los trasgos espadachines, y continuar guiándose por el ruido de otro combate mucho más lejos, entre un hombre embrutecido y una bestia enfurecida, allá a lo lejos.

36-Tras ella, Owen terminaba por ajustar cuentas con el caudillo trasgo, cuando su espada de fuego partió en dos la hoja del monstruo, y el impulso llevó a las llamas a devorar el interior del cuerpo del ser, tras clavarse con ese mismo ímpetu arrollador en su pecho. El humo brotó de su garganta en sus últimos momentos de vida, cuando el trasgo intentó pronunciar sus últimas palabras. Pero, poco sospechaba el Paladín que, tras sus esfuerzos, una nueva aparición de enemigos protegiendo el mecanismo desconocido haría su aparición. Una hueste de bárbaros defensores, acompañados de un chamán hombre sabio, se acercaron al escuchar los ruidos de trifulca y, alertados por los cadáveres aliados de las cercanías, se pusieron en guardia. Owen estaba solo para enfrentarse a estos enemigos. ¿Sería suficiente?

37-Sybil, siguiendo el rastro de la lucha atroz más allá del pasillo por el que avanzaba, al cruzar una esquina observó el origen del mismo: una lucha sin cuartel entre Bjorn y una criatura de proporciones inmensas, armada con un hacha descomunal. Avisando a su amigo de que se destrabase del combate, la elfa aprovechó una finta de Bjorn para dejar volar sus flechas. Ya que la criatura estaba pendiente del enemigo más cercano, no vio cernirse sobre ella la muerte desde el aire. Una andanada de flechas atravesó hombro, cuello y costado, desparramando la poca vida que quedaba en el minotauro por los suelos. Bjorn sólo observó la silueta de su compañera saludándolo tras haberle arrebatado la presa, e informándole de lo que había encontrado. El bárbaro, a regañadientes, le indicó también su propio descubrimiento, suponiendo que ambos mecanismos funcionaban coordinados. Así que, mientras la exploradora volvía a su posición anterior para avisar a Owen, Bjorn se dirigió con paso pesado hasta el otro artefacto más cercano, preparado para activarlo cuando llegase el momento.

38-Mientras Sybil ganaba distancia, acercándose al Paladín e informándolo de los progresos de Bjorn, éste no perdía el tiempo. Desafiando al ansia de batalla de los bárbaros, se movió hacia ellos antes de que éstos pudiesen avanzar a su vez, chocando con un estruendo de armas y armadura. La embestida, los espadazos y las llamaradas fueron el trágico fin que los hombres rudos hallaron frente a Owen, quien, cuando no era capaz de atravesar el cuerpo de uno de ellos, lo lanzaba lejos de sí con su propio escudo de un golpetazo, rechazando no sólo su ataque, sino la mera presencia de un enemigo que le estorbaba para continuar su camino.

39-Así, mientras Owen limpiaba su paso para avanzar hasta el segundo mecanismo y prepararse para activarlo, la elfa continuaba investigando los restos de la guarnición enemiga, encontrando tras una puerta escondida entre las sombras a un grupo de orcos salvajes arracimados en una guarida, protegiendo los saqueos de su señor de la guerra. Cuando la mujer se percató de que el botín acumulado, así como un objeto de características mucho más poderosas, estaban en las estancias, no dudó en colarse en el interior como un rayo, liberando una andanada de flechas, que dejó secos sin una respuesta posible por su parte a los habitantes de la guarida. Era necesario salir pronto de allí, y la premura no se hacía esperar. Cuando unos guantes legendarios fueron recogidos por la mano de la exploradora, ésta pensó que encajarían bien por su manufactura en los puños de Bjorn. Había que salir a buscarlo a ver qué estaba haciendo tan solo en lo profundo de la mazmorra.

40-Y bien que las sospechas de la elfa eran un pálpito, porque cuando Bjorn empezó a ver que el mecanismo ante él respondía a alguna activación lejana (de mano de Owen), el bárbaro hizo fuerza en la zona del mecanismo junto a él que parecía moverse, hasta que, con un chasquido lejano, algo pesado empezaba a moverse y a arrastrar sobre la roca. De seguro, la puerta de salida de aquel lugar se había abierto. No obstante, su alegría duró poco, pues no sólo se había abierto una puerta, tras la cual un batir de alas y un chillido penetrante no presagiaban nada bueno, sino que un estallido de bruma sobrenatural anunciaba la llegada de un usuario de la magia: un hechicero ogro, al que no había sentado demasiado bien que se abriesen las puertas del complejo sin su permiso ni el de su mascota cocatriz, que protegía dicho acceso.

41-Pero, a pesar del chillido ominoso de la bestia, los pies veloces de Sybil fueron más rápidos que los reflejos del monstruo guardián, ya que ni siquiera la mujer dejó aletear las plumas del ser para despejar sus articulaciones y su ensoñación, cuando de una pasada, su arco liberó varias flechas que hicieron del pecho de la cocatriz un alfiletero de astiles profundamente enterrados. Siguiendo su carrera, la elfa dejaba atrás a un ser chirriante y moribundo, por el que la sangre grisácea y la vida se escapaban sin control. Al mismo tiempo que el mecanismo liberaba los goznes de la puerta sin cerradura, Owen se percató de que su presencia en el lugar del artefacto ya no era necesario, y se dirigió a la salida del complejo, esperando encontrar allí a sus aliados. Al no ver rastro de ellos, pero sí una puerta cerrada frente a él, se decidió a abrirla para ver qué encontraba mientras se reunía con Bjorn y Sybil. Y, más allá del umbral, junto a un cofre que, de seguro, tendría riquezas y bienes interesantes, un enano negro adalid desenvainó sus armas para presentar un saludo formal de batalla al recién llegado, con el que estaba seguro de que cruzaría lances hasta que uno de los dos muriese.

42-Cuando el adalid enano salió al encuentro de Owen, trabando espada contra espada y escudo contra espada, un barrunto antinatural proviniente de la salida desbloqueada del complejo estremeció la sangre de los aventureros: el abismo aún no había jugado su última carta, y un descomunal demonio de aspecto elefantiásico y cualidades de brujería se materializaba desde una bruma de jirones de tinieblas, protegiendo el acceso, preparado para acabar con cualquier incauto a su alcance. Y, con el bramido de la aparición, un adalid orco, de aspecto molesto, pretendía emboscar a Owen junto al enano negro que peleaba contra él, suponiendo que sería aliado del responsable de haber acabado con una guarnición cercana de orcos salvajes.

43-Espada contra espada de fuego, espada contra escucho, choques rítmicos, fogonazos de llamas, chirrido de metal contra metal y esfuerzo continuo, el combate de Owen y el enano negro se alargaba más de lo que hubiese esperado el Paladín de la Furia.

44-Casi como en un reflejo brutal, Bjorn se aprestaba a la lucha contra el hechicero ogro quien, a pesar de un tamaño igualado con el hombre, no mostraba su capacidad para soportar los ataques del bárbaro quien, cargando fervoroso contra el monstruo, dio buena cuenta de él, hachazo tras hachazo, empujón, cabezazo y juego sucio, hasta que la criatura se vio imposibilitada de usar su magia, sometida al tornado de ataques del aventurero. Pronto, su sangre terrosa se derramaba por el suelo, al igual que su voluntad y sus posibilidades de sobrevivir. Bjorn alzaba su hacha en señal de victoria, reclamando la pieza para sus ancestros.

45-Desde la distancia, Sybil llamó a su bruto amigo para que se reuniese con ella, mientras la mujer se apostaba en una esquina para prepararse contra la aparición demoníaca. Por suerte, su habilidad y el poder del arco que se encontraba en su mano le dieron la ventaja de superar las defensas del monstruo abisal. Pronto, el aluvión de proyectiles que la elfa descargó contra la criatura fue más de lo que ésta podía soportar, retrocediendo tras cada impacto, hasta que su corpachón se desplomó más allá del umbral con un barrunto de muerte. Pero, por desgracia, cuando su cuerpo dejó entrar en parte la luz del exterior, ésta también reveló una multitud de pequeñas formas chillonas que aparecían para cerrar de nuevo el paso de los aventureros, a los que no permitirían escapar de allí indemnes. Una muralla de trasgos arqueros, liderados por otro doctor brujo trasgo, se hacía fuerte entre la marea de cadáveres a su alrededor. Bjorn, ya junto a Sybil, se percató de que ésta, después de hacer caer al demonio, le tendía unos guantes para que los utilizase en lugar de la máscara bárbara que portaba en ese momento, pues quizá podrían serle de más utilidad que ésta. Por su parte, en otro lado, Owen sólo pudo dejar constancia de que su capacidad para enfrentarse a lo imposible y salir indemne no dejaba impertérrito a nadie. Por sí mismo, hundió el borde de su escudo contra el cuello del enano negro, al que dejó desplomarse sin vida e incapaz de respirar, al tiempo que se arrojaba con desdén contra el adalid orco, al que atropellaba también con el escudo que había acabado con el enano. El orco, abrumado, intentó a la desesperada desarmar al hombre que se arrojaba por sorpresa contra él, encontrando que sus golpes sólo le devolvían andanadas de energía destructora que lo destrozaban por dentro. Tratando sin éxito de escapar de aquel bastión humano, el monstruo terminó por desfallecer ante esos choques de energía sobrenatural que respondían a sus ataques, muriendo destrozado por dentro, a los pies del Paladín de la Furia.

46-Owen, disciplinado y equitativo, saludo marcialmente al orco a sus pies y al enano que había dejado atrás, pues habían sido dignos adversarios que derrotar, a pesar de lo encarnizado de la lucha.

47-Cuando Sybil pudo calcular las posibilidades de acabar con sus enemigos, mientras éstos hacían volar flecha tras flecha en dirección a la esquina en la que ella y Bjorn se parapetaban, utilizó la velocidad de sus botas para moverse como un borrón y no ofrecer un blanco fácil para los disparos. Al tiempo, su propio arco hacía brotar flechas como flores en primavera, disparando sin descanso hasta que no quedó un sólo adversario en pie ocultando la luz del exterior.

48-Para asegurar la posición, Bjorn se lanzó como un caballo desbocado hasta la salida de aquel lugar, manteniendo el umbral seguro de más incursiones, y esperando a que sus compañeros fuesen lo bastante rápidos como para alcanzarlo y salir de allí cuanto antes.

49-Owen, saliendo de la penumbra en dirección a la salida, avanzó hasta que pudo ver la entrada por fin abierta. Pero, cuando se hubo reunido con Bjorn, sobre ellos cayó lo que parecía el último reducto de resistencia de aquel lugar para impedir escapar a los aventureros con los artefactos saqueados a las huestes de la oscuridad: otra banda de orcos espadachines azuzados por un dubitativo chamán orco trataban de bloquear el paso a los héroes.

50-Pero el Paladín no estaba dispuesto a que lo encerrasen allí con su merecido botín, aquella corona que se ajustaba a la perfección a sus propias capacidades y las potenciaba más allá de lo que él mismo esperaba. Así, provocando a sus enemigos, se puso en guardia ante Bjorn, y dejó que éstos se estrellasen inútilmente contra él, saliendo despedidos en toda direcciones, sus cuerpos vapuleados por el poder de su Escudo del Caballero y los envites que con este objeto lanzaba, estrellándolo contra los adversarios y dejándolos desparramados sin vida por los suelos.

51-Sybil, observando el magnífico trabajo de su compañero Owen, pero con la necesidad de marchar de allí de una vez, utilizó su velocidad y certera eficacia para acabar el trabajo de su hermano de armas, segando la vida de los escasos defensores que quedaban, atravesándolos uno a uno a flechazos sin piedad. Cuando el silencio se hizo en aquel lugar, hediondo de sangre y muerte, y Owen observaba a su alrededor, esperando que algo más saltase de las tinieblas contra ellos, la mujer pasó a su lado, cogió del brazo al bárbaro, y se encaminó hacia la salida con una sonrisa, satisfecha por haber cumplido su cometido, provocando la sincera risa de complacencia del hombre que caminaba a su lado.

52 FIN-No deseando quedarse solo por más tiempo en aquel lugar, el Paladín corrió en pos de sus dos compañeros de armas, y juntos observaron las piezas cobradas en el asalto que, de seguro, serían clave en las aventuras que tendrían por venir cuando la lucha contra las Tinieblas se recrudeciese. Pero, de momento, su partida de aquel lugar de caos y destrucción era el culmen de su éxito. Ahora, se imponía un descanso hasta la próxima batalla.

MISIÓN 7 - VICTORIA de los HÉROES

El viento es tan dulce cuando sabéis que habéis dejado atrás esa encerrona, esa tumba llena de enemigos derrotados, que al escuchar el portón de roca cerrarse a vuestra espalda, el silencio y la brisa a las afueras fue la dulce canción de la victoria, con aquél fantástico objeto, vibrante de poder, dispuesto a enfrentarse a los enemigos de quien lo lleve a la lucha...
¡Y desde luego que ese alguien iba a ser un Portador de la Luz!

En esta ocasión, no voy a hacer una lista de los objetos y capacidades obtenidos por los Aventureros porque, a estas alturas, quien tenga cierto conocimiento de las fichas de Clase de estos personajes, podrá suponer qué capacidades poseen con respecto de las reveladas en la anterior reseña, además de tener en cuenta que Bjorn cambió su Hacha anterior por la CazaCabezas de Nivel 5 y su Artefacto de Máscara del Bárbaro por el Artefacto Guanteletes del Berserker, mientras que Owen cambió su Espada Llameante de Nivel 4 por una de Nivel 5 y obtuvo el Artefacto Corona del Paladín, además de poder utilizar por fin un Anillo de Poder de Nivel 5, mientras que Sybil había conseguido unas Botas de Mercurio y cambió su Artefacto de Guanteletes del Explorador por la Máscara del Corredor Nocturno.

HASTA LA PRÓXIMA AVENTURA EN LAS TINIEBLAS, QUE LA LUZ ARRASE LA OSCURIDAD.

P.D.: Ahora os pongo una secuencia de imágenes del estropicio causado en el dungeon, además de un vídeo de recorrido rápido sobre el dungeon y cómo quedó tras la "visita" de los aventureros.

EPÍLOGO DE DESTRUCCIÓN











 
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