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Hoy comparto con vosotros otra reseña de una Partida más con Massive Darkness, Caja Básica, Libreto Original de Aventuras, GESTA 8 - EL GRAN JUEGO DE LA CACERÍA y GESTA 9 - LABERINTO DE TINIEBLAS

Ésta es una nueva aventura, con Introducción Opcional, para comenzar la historia de la partida realizada con un par de compañeros de aventuras.

En mi tercera Reseña, encadenando ya las aventuras del Bárbaro de las Sombras, el Paladín de la Furia, y la Exploradora de los nocturnales, a continuación de la anterior aventura: continuando la anterior reseña y la saga de la misma: https://boardgamegeek.com/thread/2089175/mision-7-chispas-en... los aventureros ya disponen de capacidades sorprendentes (traducción, ya han alcanzado el 5 Nivel en Habilidades, además de tener un gran elenco de las mismas a su alcance, con casi todas las ramas de las mismas completas) y objetos de un poder inconmensurable, por lo que están a punto de alcanzar el cenit de los antiguos Portadores de la Luz.
Ya no hay miedo cuando cruzan espadas contra sus adversarios.
Ya no hay duda cuando se lanzan en pos de una aventura para proteger a los desvalidos.
Ya no hay piedad cuando se trata de alejar a la Oscuridad hasta sus infectos nidos, donde acabar con hasta el último reducto de sus alimañas.
Y, sin embargo, a causa de esta increíble transformación de aventureros a héroes, la Triada de Portadores de la Luz se verá en una encrucijada de sombras, protegiendo un baluarte de la Luz, y rechazando sin descanso horda tras horda de bestias que están a punto de sobrepasarlos.

La Punta de Lanza ahonda profundo en la carne de las Tinieblas, y las hace sangrar y sufrir.

Os presento la...

...MISIÓN 8 "El Gran Juego de la Cacería"

y...

...MISIÓN 9 "Laberinto de Tinieblas"

MISIÓN 8 - INTRODUCCIÓN OPCIONAL

Parece que ahora todo es tan distinto desde que empezó esta andanza de aventuras y peligros... Vuestra posición entre la gente es de respetados protectores y peligrosos luchadores, y por ello sois objetivo de informadores que antaño contactaban con vuestros mentores, lo que significa que las noticias importantes (y las malas) ya no son filtradas y os golpean con dureza.
En esta ocasión, espías de vigilancia sobre las fuerzas de las Tinieblas os avisan de un lugar de importancia estratégica para sus huestes. Un puesto avanzado de sicarios de las Tinieblas se ha convertido en una armería secreta de valiosos artefactos para combatir a sus enemigos, además de posiblemente tener información sobre planes de batalla, defensas y contragolpes de la Oscuridad. Lanzarse contra las bestias, machacarlas y dejar el paso limpio de amenazas, sería encender otra luz entre vuestros protegidos en señal de la verdadera Luz que los guía, y quizá con ello dejar una huella imperecedera que quede registrada en la historia.
Los nuevos Portadores de la Luz tienen que dejar claro que su legado ha vuelto para quedarse y guiar a las generaciones futuras.
¿Es vuestro momento, Portadores de la Luz?

8MD1- Estos antiguos salones de extraño aroma a pesar son ahora el hogar de criaturas que tratan de hacerse fuertes y devolver el golpe al avance de los Portadores de la Luz. Profundos pasillos en sombras, apenas tocados por penumbra o parpadeantes luces de antorchas y lámparas encerrando velas que tratan de romper el cerco de oscuridad con no demasiado éxito. Acostumbrada ya la mirada a la oscuridad natural de los entornos en que se reúnen las bestias tenebrosas, los tres aventureros, ya curtidos en los encuentros con sus enemigos, empuñando la Javalina Meteórica, la Caza Cabezas junto al Hacha Vampírica, y la Espada de Fuego, dominan paso a paso el acceso principal al lugar silencioso, tratando de escuchar y percibir algún peligro en las profundidades de los corredores que han de abordar.

8MD2- Bjorn, entrechocando sus armas, en busca de una provocación que atraiga sobre sí las iras de sus enemigos, observa las jambas protegidas a ambos lados del pasillo por el que comienza a andar. Aunque trata de hacer señas para que sus compañeros Sybil y Owen estén listos, al tocar una de las puertas, el silencio se rompe en el caos provocado por una horda aullante de trasgos espadachines que abarrotan de pronto el acceso a la guarida que trataba de abrir el bárbaro. A su vez, apostados dentro de las estancias, un aullar ululante anuncia la cercanía de una bandada de bárbaros cazacabezas al servicio de un cruel chaman, quien ordena que, en virtud de someterse a sus amos tenebrosos, los intrusos deben ser sometidos hasta que su sangre bese el suelo. A pesar de la ferocidad del abordaje de las criaturas, Bjorn comienza a agitar sus armas con salvajismo inusitado, e invocando el poder de sus Guanteletes del Berserker, comienza a llenar el viento con silbar de acero y cortinas de gotas de sangre verde aceitosa, mientras a su alrededor las criaturas gritan de dolor y miedo, tratando de detener el avance incansable de las armas del Bárbaro, así como intentando, sin demasiado éxito, penetrar sus defensas. Por fin, en su último lance, un cabezazo bien avenido alcanza la frente del líder trasgo de la enorme espada a dos manos quien, desconcertado, es incapaz de darse cuenta de cómo ambas hachas en manos de Bjorn realizan un movimiento de tijera que a punto está de partir en dos a la criatura, la cual cae, desplomada, intentando mantener sus pulmones dentro de su cuerpo. Owen, entonando una oración devota de batalla, pasa junto a Bjorn sin detenerse en cruzar miradas con los moribundos, para arrojarse sin un ápice de duda contra los bárbaros cazacabezas. Éstos, abrumados por el arrojo del Paladín, estrellan sin éxito un vendaval de hachas contra su armadura y su escudo, el cual rechaza impacto tras impacto, apartando a golpes a los enemigos, estrellándolos contra las paredes, y creando un cometa de fuego con el paso de su espada, hasta que ésta queda trabada en el bastón del druida, ambas miradas de conjurador y devoto cruzadas con determinación en el choque. Por su parte, Sybil, aprovechando los recovecos dejados por los combatientes y el camino despejado de enemigos, decide que sus compañeros se bastan y sobran para lidiar con ese grupo de monstruos, y buscando en otra de las puertas, es violentamente recibido por una compañía de enanos carniceros que se atraviesa en su paso, tratando de detenerla, y preparando el camino a los trasgos arqueros que, más allá de la guarida, se preparan para acribillar a la mujer y sus aliados desde la seguridad de la distancia. No obstante, la elfa danza su baile letal, girando y buscando la oscuridad como su aliada para escabullirse de sus enemigos y encontrar los mejores lugares para disparar. Aquí y allá, dejando atrás hachas asesinas que tratan de morder su carne, la elfa atraviesa el marco abierto de la entrada a las estancias, donde un trasgo con aspecto de brujo conjura las fuerzas sombrías que bendigan a sus huestes. Sin embargo, de poco le sirve la oración, cuando proyectiles infalibles brotan como una lluvia de cometas a toda velocidad, no sólo atravesando los cuerpos de las alimañas trasgoides que gorgojean ante su muerte, sino también de los carniceros enanos dejados atrás, haciendo que sus achaparrados cuerpos se vacíen de oscura sangre roja con cada astil enterrado en su carne. Y no sólo ese es el terror portado por la dama, sino también la Máscara del Corredor Nocturno, la cual envuelve en una peligrosa energía el cuerpo de la mujer quien, al moverse aquí y allá, como un meteoro, deja una estela de fuego que devora la carne de sus enemigos, haciéndolo caer por doquier bañados en llamas. Sólo el resplandor de la Corona del Paladín y su Espada de Fuego son las fuentes más firmes de iluminación continua, revelando la cruda verdad a sus enemigos, mientras sus compañeros forjan su poder en la oscuridad contra la que luchan.

8MD3- Más allá, en las profundidades, las Tinieblas se revuelven molestas por el resultado de su primer encontronazo contra los héroes, así que la oscuridad empieza a condensarse en remotos lugares, protegidos por los arcos arcanos que impiden el paso hasta los seres que vienen hasta este mundo para servir a las propias Tinieblas en sus malévolos planes: El Inferelefante, la Araña Gigante y el Ogro Mago, preparados para frenar el avance de los intrusos y convertirlos en pulpa que abone el suelo de su futuro reinado.

8MD4- Aunque los aventureros han tenido un afortunado choque inicial rechazando a los lacayos de la oscuridad, ninguno de los grandes poderes Tenebrosos dejará que estos advenedizos se marchen de aquí sin saber cual es el precio por desafiar a la única fuerza que reinará sobre el mundo tras ser aplastados.

8MD5- Bjorn, vociferando a su compañero Owen, le dice que piensa acabar con hasta la última alma que trate de retener el avance de su enemigo, y que espera que el Paladín le deje suficiente paso cuando se acerque a sus adversarios como para que sus armas no lo alcancen accidentalmente, cosa que lamentaría en gran medida. Owen, con una carcajada socarrona, confía en que su habilidad para rechazar y someter a sus enemigos no deje tiempo al tosco compañero de cumplir su palabra.

8MD6- En efecto, confundiendo con su conversación al chaman bárbaro, Owen aprovecha cuando Bjorn habla a lo lejos que el enemigo presta por un momento atención a las palabras del Bárbaro, para atravesar las defensas del conjurador y clavar profundo su hoja de fuego en el pecho del hombre, haciendo escapar una voluta de humo de su boca abierta, incapaz de chillar antes de caer el enemigo abatido. Owen, al salir de la guarida, cruza una mirada de entendimiento con su compañero Bjorn, y siguiendo hacia adelante, con la sospecha de haber escuchado los sonidos de peligrosos enemigos en la distancia, decide buscar más allá en otros accesos cercanos. Allí, al abrir los portones, una avalancha de enemigos arrolla momentáneamente al Paladín, quien intenta contener a la desesperada una compañía completa de enanos martillo negro en formación de combate, además de una horda de bárbaros de la espada, que disputan su posición de supremacía a su vez con los primeros enemigos por ser los primeros en derrotar al paladín, sin éxito. Pero, en el momento en que el Paladín se afianza para responder al asalto letal, desde la oscuridad, Sybil se arroja como un cometa de poder terrible, arrollando a su paso a algunos de los enanos, que caen sin vida como las hojas en otoño ante el imparable impacto. Al mismo tiempo, con la velocidad proporcionada por sus Botas Mercuriales, la mujer es un relámpago en movimiento de parpadeos y flechas que surgen de todas partes, clavándose profundas en los cuerpos desprevenidos de los enemigos, dejando un resto de cadáveres antes de continuar su avance decidido. A su vez, Bjorn, al ser consciente de que apenas quedaban enemigos en pie, enarbolando con un rugido sus hachas, se arroja a toda velocidad contra los supervivientes, a los que despedaza sin piedad como un granjero en su siega. Cuando la CazaCabezas absorbe la energía de las criaturas, la vierte en los músculos de Bjorn, haciendo que éste se remueva para continuar caminando en busca de más adversarios, abrumado por la sed de batalla, rodeado por la aureola de tinieblas protectoras de su Anillo de Sombras. Entonces, como respondiendo a sus deseos, las voces de un grupo de orcos matones se escuchan más allá del pasillo protegido por un portal sobrenatural al que él deseaba tener acceso, momento en que una de las columnas que activa la energía del portal estalla entre fragmentos y esquirlas de roca. Cuando el bárbaro levanta la vista, encogidos los hombros por el estallido, mira hacia atrás y ve como Sybil lo saluda desde la penumbra de un pasillo. "De nada", parece decir.

8MD7- Observando la energía impía que protege una de las columnas tras las que se divide la encrucijada donde Sybil y Bjorn habían llegado, la mujer decide que el otro pilar también debería ser destruido para continuar el camino. Una andanada de certeras flechas meteóricas se arroja cual cellisca sobre la piedra, y los estallidos de esquirlas que la reducen a escombros desactivan la fuerza contenedora que impedía el paso. Ahora, la mujer acelerada por el impulso de sus Botas Mercuriales y su Máscara del Corredor Nocturno, parpadea en el aire dejando una estela de energía tras salir disparada más allá del umbral desprotegido. Allí, sorteando una esquina, la espera una avanzadilla de matones orcos sobresaltados por su aparición en el resquicio de luz ante ellos. Sin dejarles tiempo para responder, la letal tormenta de flechas y carreras frenéticas envuelta en energía sobrenatural de Sybil empieza a despojar de enemigos, uno a uno, a todos los adversarios, quienes caen bien atravesados por algunas flechas en el torso, bien despedidos por la embestida explosiva de la mujer que se convierte en un ariete viviente. Cuando la dama se aleja hacia el otro acceso de la encrucijada, tras ella sólo quedan los gemidos de los moribundos y el barruntar de una impía bestia del averno, buscando venganza. Pero eso es trabajo de Bjorn. En efecto, el asombrado Bárbaro sacude su sorpresa el tiempo suficiente como para cruzarse en dirección opuesta a la Exploradora, y entrechocando sus hachas, avanza a paso firme hasta una puerta por la que se filtra el tufo a malignidad concentrada. Allí, recortado contra la penumbra, un descomunal Inferelefante lo recibe con un barrunto ensordecedor, deseando cruzar sus garras y armamento con el ridículo humano. Pero, para su desgracia, el "ridículo" humano, sin un resquicio de temor, se impulsa contra el corpachón inmenso del demonio, y empieza a descargar furiosos hachazos y cabezazos en una cadena de impactos arrolladores, de los cuales la bestia responde desesperada muy a su pesar. Así, como coronando una montaña en movimiento, Bjorn avanza utilizando el propio cuerpo de la criatura para acercarse a su rostro, donde ambas armas encuentran reposo hundiéndose en el cráneo sobre las cuencas de los ojos del ser abyecto, que se desploma hacia atrás con un alarido de dolor y un sonido estruendoso. Bjorn acompaña el sonido con su propio grito furioso de victoria. Por su parte, Owen deshaciéndose de los últimos frenos a su avance entre los cuerpos de los enemigos, corre en pos de sus compañeros, anticipando que éstos puedan necesitar de su apoyo. Al ver a Sybil moviéndose como una estrella fugaz en las sombras, y escuchando el sonido de la batalla lejana, considera que quizá es más apropiado que él despeje la vanguardia de otro de los accesos de la construcción, y abriendo de una patada una puerta cercana, sobresalta a un adalid enano que se armaba para recibir a quienes estuviesen causando tal alboroto. Cruzadas las miradas, desenvainados los aceros, con palabras que evocan la lucha, la gloria y la matanza, ambos contendientes se arrojan el uno contra el otro. Chispas de entrechocar de espadas y escudo, flamígeros destellos y explosiones ígneas al encontrarse metal y fuego, Owen mide la capacidad de combate del achaparrado y duro adversario, aunque en un momento de descuido, cuando el enano trata de superar las defensas del Paladín, éste introduce el borde de su escudo más allá de los brazos del enemigo hasta golpear su garganta la cual, con un feo crujido, cede y deja claro que no sólo la traquea del enano ha quedado destrozada, sino también su cuello. Apelando a la piedad y, antes de que el enemigo se desplome, Owen atraviesa su corazón con su hoja llameante, para que no muera entre sufrimientos. Aún así, el desarrollo de las escaramuzas y la derrota del demonio ha sido suficiente como para que un adalid orco viaje a toda velocidad hacia el lugar de la lucha para ofrecer su apoyo a los aliados que luchan contra la Punta de Lanza de los Portadores de la Luz.

8MD8- Molesto por haber sido convocado hasta aquí, el adalid orco echa un vistazo hacia la encrucijada y los accesos de más allá. ¡Uno de los portales ha sido destruido y una enclenque mujer elfa camina atravesándolo! Y aún más cerca, un combate entre un aliado adalid parece haber finalizado, cuando el poder del enano se disipa y el adalid orco percibe que la oscuridad se aleja del lugar del conflicto. Aunque no desea admitirlo, una gota de sudor sobre su frente revela que espera dura resistencia en el combate que está por llegar.

8MD9- Y no se equivoca al ver cómo, a toda velocidad desde el lugar donde el umbral ha sido destruido, el corpachón enorme de un feroz bárbaro se acerca a toda prisa hasta el eje de la encrucijada, buscando enemigos a los que enfrentarse.

8MD10- Cuando el adalid orco se percata de su inferioridad numérica, utiliza sus oraciones para poner en alerta a todos los aliados de las sombras en las cercanías, mientras se oculta en el pasillo por el que ha llegado, dejando al bárbaro sin un objetivo claro. Aún así, no está preparado para el impulso sagrado de Owen el Paladín, quien también percibe las cercanías del adalid de las sombras y, pasando junto a su compañero de armas Bjorn, ilumina la oscuridad con su espada de fuego y, revelando la presencia del orco, lo reta a combate singular.

8MD11- La criatura, ofendida por el comportamiento del adversario, cede a las premisas del humano, y alza su arma avanzando hacia él. De nuevo, una danza letal de estelas de fuego y chispas de metal contra metal se sucede más allá de la penumbra que se dirige hacia otro par de pilares cargados de energía oscura, protegiendo un segundo acceso en el complejo enemigo. Reverberaciones de metal, estallidos de fuego, y un bramido de muerte y sufrimiento revelan el inevitable final de la breve escaramuza en la que Owen sostiene con su escudo el brazo armado del orco contra una pared, mientras su otra mano atraviesa con su espada de llamas el pecho del enemigo, ensartándolo contra el muro de roca.

8MD12- Al mismo tiempo, Sybil calcula las opciones que le quedan para los dos arcos arcanos de energía que impiden el paso más allá del resto de la encrucijada, y decide asegurar su posición en el lugar, cuando escucha un rumor en una puerta cercana: ruidos de voces guturales en el inconfundible idioma de los orcos le revelan que allí se prepara un asalto de monstruos. Así que, para no hacerlos esperar, abre la puerta que la separa de ellos para, efectivamente, descubrir un grupo de orcos espadachines arengados por su líder-espíritu conjurando fuerzas de apoyo, momento en que las flechas de la elfa parecen saltar solas de su mano a su arco, y de éste volar certeras hacia los orcos. Los enemigos intentan buscar cobertura entre el mobiliario que es destruido tras cada impacto, al mismo tiempo que la danza asesina de la mujer la hace moverse aquí y allá, arrollando enemigos y estrellándolos ya fallecidos contra las paredes, hasta que todos quedan reducidos a restos fallecidos atravesados por varias flechas o abrasados por energía mágica. A lo lejos, un siseo inmenso anuncia, por otra parte, que otra criatura está preparada para enfrentarse con dureza a los aventureros.

8MD13- Cuando Sybil se percata de que ya no hay más enemigos a los que derrotar, dirige su atención al siguiente umbral a su izquierda, instante en que sus flechas lo golpean con saña, haciendo saltar en pedazos su estructura rocosa. Un racimo de ojos inhumanos refulgen desde las tinieblas con anticipación, y unas mandíbulas gotean saliva esperando un festín para su vientre.

8MD14- Apenas sí la barrera sobrenatural ha caído que, incluso antes de que todos los escombros toquen el suelo, los pies de la Exploradora apenas tocan el suelo avanzando a través del paso, para examinar qué peligros quedan más allá, dándose cuenta de que el área se encuentra tomada por inmensas telas de araña del grosor de cordeles, además de sentir el chasquido de unas descomunales mandíbulas de insecto más allá de la oscuridad. El corretear de unas patas como columnas, descolgándose del techo y siseando de hambre, cruza la mirada de la sorprendida Sybil con los monstruosos ojos facetados de una titánica Araña Gigante, la cual tiembla de placer al pensar en devorar y succionar la carne de la mujer y sus compañeros.

8MD15- Sin embargo, Sybil está a punto de demostrar que no es un bocado fácil de tragar, máxime cuando su velocidad, precisión y potencia de fuego convierte a la bestia en una masa agonizante de quitina vomitando vísceras y fluidos vitales viscosos atravesada de flechas y abrasada por la hostil magia de la Máscara del Corredor Nocturno. Antes siquiera de que la bestia se desplome, incapaz de que su peso sea soportado por sus temblorosas y moribundas patas, la exploradora ya ha partido a toda velocidad hacia la encrucijada, intuyendo que el último portal sobrenatural guarda otro enemigo terrible que debe ser abatido se encuentra detrás de esa barrera mística. Cuando el polvo de la explosión de las columnas que tejen la magia se empieza a asentar y los cascotes ya no se mueven, producto de los espadazos implacables de Owen, éste se aparta al escuchar la carrera vertiginosa de las musculosas piernas de Bjorn, que grita un cántico de guerra bárbaro, introduciéndose justo entre los arcos derruidos de piedra para adentrarse dentro de la última guarida protegida por lo que parece un musculoso humanoide mago que, sorprendido en el acto de conjurar un ritual, se gira para observar a la mole del hombretón estamparse contra él de un sonoro testarazo, trabándose además en un intercambio vertiginoso de bastonazos y hachazos por ambas partes...

8MD16- ...causando estragos en la criatura el tiempo suficiente como para que Sybil cruce como un relámpago el marco de la entrada a la habitación y clave flecha a flecha al monstruo contra la pared del fondo, inutilizando sus acciones y su capacidad para responder al ataque.

8MD17- En el momento en que Sybil se aparta de las intenciones mágicas hostiles del ser por un pelo, con un giro de muñeca, Bjorn confirma por el rabillo del ojo a la llegada de Owen lo que todos saben: que el filo de CazaCabezas será la ejecutora cortando limpiamente el cuello del monstruo.

8MD1 Epílogo- Con un sonido seco, la cabeza de la criatura se desploma en el suelo y rueda unos centímetros hasta que la bota del bárbaro la sostiene para que no siga su sangriento camino.

8MD2 Epílogo- Con una mirada de complicidad, Owen y Sybil sonríen y se dan por satisfechos después de la abismal batalla que han sufrido en estas estancias, habiendo rechazado y derrotado a tres peligrosas criaturas que bien podrían haber hecho de sus vidas una calamidad y de la región un infierno. Que la Luz limpie estas estancias de Tinieblas.

8MD Escenario A- Y allá, en las más oscuras simas de las tinieblas, el espíritu encerrado de la Araña Gigante fragua concentrar sus energías en un nuevo cuerpo, buscando venganza sobre quienes le arrebataron su momento de gloria.

8MD Escenario B- Escuchando los susurros del vientre de la Oscuridad, el demoníaco insecto rumia su fracaso con la esperanza de volver al mundo material para continuar su fallida cacería, aunque por el momento, la Luz se ha cobrado su tributo en siervos de las Tinieblas... dejemos que festejen su efímera victoria.


MISIÓN 8 - VICTORIA de los HÉROES

Entre las grietas de las columnas derruidas, el polvo se asienta a vuestro alrededor, y aunque toséis y os sacudís aquello que ha caído sobre vosotros, lo más sorprendente es que seguís en pie, y sólo queda el silencio para ser testigo de vuestra hazaña: tres bestias de la Oscuridad de poder aterrador ahora yacen exánimes en el suelo de la fortaleza subterránea que se había convertido en una trampa mortal para eliminar de un plumazo toda la resistencia de los actuales Portadores de la Luz. Sin embargo, las criaturas sólo han sido capaces de sentir el terror puro antes de la destrucción, cuando han sido conscientes de que, después de la más negra noche, siempre queda rasgada por la terrible Luz del alba... la que vuestra voluntad y poder representa inalterable frente a las huestes de la Oscuridad.
Los Portadores de la Luz han vuelto... y no piensan marcharse hasta que la paz vuelva a estas tierras.

MISIÓN 9 - INTRODUCCIÓN OPCIONAL

La Oscuridad no es sólo una fuerza que alimenta a las criaturas que nacen de ella.
Ahora lo sabemos. La Oscuridad también tiene su propia motivación. De hecho, su fuerza y su astucia son tales, que es capaz de detectar aquello que impide su avance y planificar acciones en su contra.
En vuestro avance, habéis logrado encontrar una información vital de un lugar perdido tanto del recuerdo de la Oscuridad como de los Portadores de la Luz, hasta este momento.
Un laberinto en las profundidades se convirtió antaño en un bastión de la Luz. En él, un Artefacto de poder inconmensurable hace que la propia Oscuridad no pueda interferir directamente a su alrededor, ni continuar su avance inexorable.
Así, cuando la Oscuridad descubrió mientras se expandía, que en aquel lugar su poder quedaba mermado y frenado, decidió tomar cartas en el asunto.
Ahora, el baluarte de la Luz será asediado hasta encontrar la fuerza que frena el poder de las Tinieblas, y cuando el objeto sea hallado, las hordas de monstruos lo convertirán en polvo y restos esparcidos, permitiendo así a su fuerza motriz avanzar sin oposición alguna.
Así, es vuestro deber penetrar en las profundidades, abriros camino por el laberinto abandonado, encontrar el objeto que protege la zona de la intrusión de la Oscuridad...
...y protegerlo a toda costa de cuantas hordas de bestias, monstruos y criaturas traten de alcanzarlo y destruirlo sin remisión.
¡La Luz no es una fuerza que pueda ser detenida, mientras os encontréis entre ella y la Oscuridad que la acecha!

9MD1- Un lugar escondido, esta antigua fortaleza. Antes estos lugares eran objeto de especulación y sospecha, pero ahora está claro que la leyenda vive no sólo en estos salones, sino en los tres aventureros que caminan por ellos, olvidados del mundo y de las Tinieblas, para proteger su secreto... hasta ahora.

9MD2- Pero el secreto ha caído. El velo del misterio está roto y las fuerzas tenebrosas han marchado hasta estas estancias sagradas para destruir un poderoso artefacto de la Luz capaz de crear una poderosa protección que impida el avance de la esencia de la Oscuridad sobre el mundo y, en concreto, sobre esta región. Así, cuando los nuevos Portadores de la Luz Bjorn, Owen y Sybil se mantienen a la espera, espectantes, en el interior del santuario profundo del baluarte, circundado por defensas mágicas grabadas sobre antiguas columnas que generan una barrera mística ayudando a salvaguardar el artefacto, una horda de monstruos... un adalid orco sediento de gloria... una avanzada de enanos carniceros deseando bañar sus armas en sangre... un grupo de orcos espadachines entrechocando sus armas en señal de amenaza... y un batallón de trasgos arqueros esperando llenar el aire de nubes de flechas mortíferas... todos ellos empiezan a inundar los caminos del bastión por doquier, cercando cualquier salida y escape, cumpliendo la voluntad de las Tinieblas para acabar con este lugar y el artefacto protegido.

9MD3- En efecto, y planificando una táctica de dispersión para controlar todos los frentes posibles, Owen desafía al peligro encabezando su camino hacia los enanos carniceros, contra quienes dedica las alabanzas a la luz y la devoción a su causa, atravesando sus defensas con su baile de fuego y muerte. Desviando hachazos con su escudo, devolviendo golpe por golpe, abrasando muñones decapitados, cuando la luz de la llama deja de danzar, a su alrededor sólo apesta a carne quemada y quedan los cuerpos fenecidos de los aterrados enanos que no sabían a qué atenerse al afrontar este combate. Por su parte, aprovechando su posición de ventaja, Sybil se sitúa en lo alto del altar en el que descansa el artefacto, y dejando volar sus dedos sin descanso, bañándose en la energía purificadora de la Luz desde el lugar sagrado, sus proyectiles son lluvias de meteoros que se descargan por todas partes, taladrando a un impotente adalid orco hasta que hinca en un estertor de muerte la rodilla en el suelo, mientras que también intercambian vuelo en direcciones opuestas con las flechas de los trasgos, no demasiado efectivas, dejando a la tropa de tiradores convertida en un mar de cadáveres alfileteados. Mientras se sucede a sus espaldas el intercambio de golpes y disparos, Bjorn farfulla una maldición ancestral y carga como una res desbocada en otra dirección, estrellándose contra las espadas de los orcos, quienes son arrastrados por el ímpetu arrollador. Las hojas de las hachas crean ondas como olas en la marea, subiendo y bajando impregnadas de espesa sangre marrón, quebrando metal y levantando chillidos de dolor, hasta que sólo el chaman orco, golpeado de un testarazo y tambaleante, queda en pie junto a sus camaradas muertos, para detener los impactos de las hachas del bárbaro, cruzadas ambas miradas casi animales en aquel instante de quietud.

9MD4- Mezclado con los gritos fieros de bárbaro y orco, de pronto el berrido monstruoso de una criatura animal se manifestó con la llegada de un poderoso minotauro, enemigo temido entre las huestes de la oscuridad. Aprovechando un momento de descuido en la lucha entre chaman y bárbaro, Sybil liberó una única flecha letal que provocó un impacto entre las sienes del chaman, embadurnando de sangre marrón el rostro de su compañero Bjorn cuando, acto seguido, salió disparada en dirección al bufido animal, para cruzar su mirada con el rostro bovino de la bestia infame. Varias flechas incrustadas en el pecho de la criatura la pusieron de un pésimo humor, aunque para cuando el monstruo se había recuperado del ataque, Sybil ya estaba más allá de cualquier intento de alcanzarla con su hacha, así que el monstruo tuvo que contentarse con la amenaza eminente de Owen, el hombre que, con un certero espadazo sobre el astil del hacha del monstruo, partió en dos el arma de la criatura y continuó la embestida atravesando el pecho del enemigo, haciéndolo caer con una estúpida mirada inhumana en sus ojos. La distracción de la exploradora había servido bien a su propósito, y ahora que Owen se marchaba dejando tras de sí un cadáver, se dirigía hacia el santuario para protegerlo de nuevos avances, cruzando su camino con el de Bjorn, quien también se apostaba en la frontera de las protecciones de la zona sagrada, a la espera de nuevas amenazas. En efecto, alrededor del área protegida, de nuevo se desató la confusión. Por todas partes, oleadas de bárbaros espaderos y fanáticos, enanos martillo negro y un adalid enano cercaban el paso para evitar cualquier huida de protectores de la Luz. Así, en una nueva embestida, Bjorn decidió cruzar sus fuerzas con el adalid enano, chocando la voluntad fervorosa del humanoide achaparrado con la fiereza asesina del bárbaro sombrío. Aunque la embestida fue brutal, las espadas del enano no supieron hacer frente adecuadamente a las hachas del humano, las cuales apartaban golpe tras golpe las armas del enemigo, hasta que un cabezazo desconcertó al adversario, momento en que dos hachas enterradas profundamente en sus costillas robaron en un instante la vida de la criatura, momento en que el bárbaro retiró las armas de su pecho y dio un paso atrás, como advertencia para más enemigos.

9MD5- Por su parte, cuando Owen se dió cuenta de que una de las oleadas bárbaras había avanzado y empezaba a martillear una de las defensas sagradas, tuvo la oportunidad de cruzarse delante de ellos como amenaza inminente del destino que les esperaba, desviando su atención del artefacto protector. Coordinándose con sus compañeros, Sybil se mantuvo en guardia desde su posición elevada, y empezó a descargar muerte desde el cielo en forma de andanadas de flechas hacia los espaderos bárbaros y los enanos martillo negro. La precisión y lo implacable de sus ataques dejaron tras de sí un rastro de enemigos derrotados entre los aguerridos bárbaros, quienes fueron diezmados sin dificultad, aunque los enanos mostraron ser mucho más duros, avanzando entre el fuego sin dudar, cargando martillazo a martillazo contra otra de las protecciones. Y, por si fuera poco, otra de las bestias del abismo, el Infernelefante, se manifestó entre una bruma de sombras frente a Bjorn, levantando en un barrunto su trompa en señal de desafío, indicando que los camaradas caídos sólo habían sido un medio para su fin: la destrucción de sus enemigos y el artefacto de la Luz.

9MD6- Pero eso no iba a hacer desfallecer el brazo ejecutor de la Punta de Lanza de la Luz. Ni mucho menos, ya que Owen estaba impaciente por medir sus armas con el poderío del abismo. Sin embargo, sus enemigos más cercanos precisaban en este instante de sus especiales atenciones, por lo que, con una plegaria de cólera, el Paladín se lanzó a cruzar hachas contra espada, brujería contra oraciones, y cuando la estela de fuego dejó de bailar su macabra danza de destrucción, sólo un grupo de bárbaros convertidos en carne socarrada y cenizas, junto al cadáver acurrucado de su líder brujo apenas reconocible bajo el hollín de su carne quemada, quedaba como mudo testigo de la devoción de Owen, quien se marchaba en auxilio de su aliado Bjorn frente a la bestia del infierno. Aún así, tras los pasos metálicos del Paladín, el arco de Sybil entonaba con su única cuerda la melodiosa canción de la muerte, acabando con el reducto resistente de enanos martillo negro que, incansables, intentaban derribar las defensas místicas del santuario, a la vez que zumbidos a ambos lados de Owen cruzaban el aire para estallar contra la criatura demoníaca que se recortaba imponente por encima de la cabeza del enorme bárbaro, provocando chillidos de sufrimiento.

9MD7- Cuando el Paladín marchaba camino de la lucha, Bjorn rechazaba zarpazos por doquier del elefante infernal, buscando un resquicio en su defensa, hueco que, al encontrarlo, le sirvió para responder con la misma saña incansable al monstruoso ser quien, una vez más, fue consciente de otros encontronazos con estos peligrosos enemigos, que su tiempo sobre el mundo mortal era efímero, sobre todo al descubrir que se le escapaba la vida por la gran cantidad de heridas de su corpachón en forma de bilis y vapor negro. Cuando Bjorn volvía a desplazarse, moviéndose en otra dirección para apostarse en espera de otra oleada de enemigos, dejaba en su puesto a Owen para encargarse del flanco que él mismo dejaba desprotegido. Entonces, con un chillido producto de las forjas del abismo, en el aire frente al servidor devoto de la Luz, una miríada de espadas formaban un vórtice de energía, hasta fijar su movimiento en la forma de una mujer inmensa de cuatro brazos, cada uno de ellos armado con una espada digna de la lucha más atroz y despiadada, al tiempo que su cintura viperina le flanqueaba paso al mundo mortal. La Liliarca había llegado.

9MD8- Tinieblas y Luz cruzaban sus lances. Mientras la Liliarca atropellaba con sus inagotables lances por doquier a Owen, éste rechazaba los ataques como un muro de roca repele las olas de la marea. De hecho, su espada de fuego no parecía ser el elemento más gratificante en la escamosa carne de la criatura infernal, ya que el fuego purificador escarificaba su carne por todas partes. Y mientras Sybil y Bjorn se posicionaban a la espera de una nueva hornada de enemigos, Owen conseguía someter hasta la rendición incondicional a la mujer-demonio, la cual fue dispersada a los cuatro vientos por la implacable defensa letal del Paladín de la Furia.

9MD9- Desde sus posiciones defensivas, la Punta de Lanza era consciente de que más adversarios trataban de alcanzar sus posiciones y hacerlos retroceder, entre los chillidos crueles de una turba de espadachines trasgos, pasando por las voces agudas de otra horda de trasgos arqueros que buscaban una buena posición de tiro, además de una avanzadilla de bárbaros fanáticos entre cánticos sobrenaturales de su brujo líder, y terminando en un grupo de orcos matones escoltando a un poderoso líder de guerra. Cuando esta marabunta de monstruos rodeaba el área, los brazos de la elfa se pusieron en marcha, aunque empezaban a encontrarse doloridos por el trabajoso esfuerzo de la defensa del lugar sagrado.

9MD10- Sus disparos convertían el aire en una marea de zumbidos y vibraciones que se descargaban por todas partes, atravesando las defensas de los fanáticos bárbaros hasta que su líder brujo quedaba reducido a una unidad de un solo hombre quien, a pesar de todo, continuaba apretando los dientes para cumplir su misión. Por su parte, una vez más la unidad de arqueros trasgos demostró no ser rival contra la precisión y letalidad de Sybil, cuando a pesar de los múltiples disparos de las criaturas, sus flechas no llegaban a alcanzar los fulgurantes movimientos de la mujer quien, por su parte, sí que diezmaba impacto tras impacto a los trasgos, hasta que incluso su hechicero fue reducido a un cadáver balbuceante, apenas consciente de que había sido derribado por una flecha que atravesó su pecho. Los chillidos de muerte de las criaturas se mezclaron por un instante por los vítores y lamentos de sus compañeros espadachines trasgos, quienes se enfrentaron a la brutalidad descerebrada de las hachas de Bjorn el bárbaro. Las dos hojas apartaban espadas, destrozaban metal y convertían en pulpa los huesos de torso y brazos de los pequeños monstruítos, que intentaban sin éxito frenar las evoluciones de su adversario. Pronto, el combate singular entre su líder y el humano pasó por ser un breve intercambio de golpes que terminó con una de las hachas clavada en profundidad en el esternón del pobre diablo, mientras la otra hacía volar su cabeza por los aires. Lo único que motivó de nuevo el movimiento de Bjorn fue arrancar el arma del cuerpo lánguido del enemigo, y volver sobre sus pasos para proteger el acceso hasta la cámara central.

9MD11- Entre el silencio que siguió a la escaramuza librada hacía unos minutos, unos pasos pesados y los golpes de un arma contundente contra los muros del alcázar de la Luz, las sombras revelaron el avance del corpachón de una criatura feroz y descerebrada, ansiosa sólo por un hambre de lucha y carne de sus enemigos. Desde su posición de tiro, y flanqueada por Owen, quien había vuelto sobre sus pasos para reforzar el punto central de la capilla, ambos observaron con cierta preocupación, que el Alto Trol había conseguido alcanzar su posición.

9MD12- Pero, a pesar de la amenaza inminente de la criatura monstruosa, no fue necesario más que retener sus pasos lo suficiente por parte del Paladín de la Furia para que la Exploradora de los Nocturnales encontrase un punto de disparo adecuado a su precisión, y en el momento en que Owen provocaba la atención del gigantón recién llegado y éste cargaba sobre el humano, los proyectiles de Sybil se clavaron sin cesar en la carne peluda y rugosa de la monstruosidad cornuda, haciéndola farfullar a cada impacto, cuando sus pasos se hacían progresivamente más lentos con la pérdida de su vida y su ansia de combate.

9MD13- En el momento en que el Alto Trol dio el último paso, su siguiente pierna flaqueó, y se derrumbó frente al Paladín, comprobando el guerrero que la criatura había sido derrotada. Para cuando eso sucedió, la elfa volvió a ocupar su posición central privilegiada en el complejo sagrado, acabando también con la vida del brujo bárbaro que intentaba debilitar el poder de las protecciones del santuario con su hechicería sombría, mientras Owen recorría en patrulla el contorno junto con Bjorn, hasta que ambos escucharon los sonidos de nuevas tropas de las Tinieblas que avanzaban, en algunos casos con alocados aullidos bárbaros o chillidos dementes, y en otros disciplinadamente, como unidades militares preparadas para una táctica más entrenada y letal.

9MD14- En efecto, los accesos del terreno sacramental se llenaron hasta los topes de fuerzas de enanos martillo negro y carniceros, y también de bárbaros y trasgos espadachines, al parecer con la esperanza de encontrar la victoria donde sus antecesores habían hallado el fracaso.

9MD15- El acceso resguardado por Bjorn pronto se convirtió en un intercambio de insultos en una antigua lengua bárbara gutural, nombrando a los ancestros propios con respeto y a los ajenos con desprecio, tratando uno u otro bando de desconcertar a su rival, hasta que el momento de las palabras terminó y empezó la danza de la sangre.

9MD16- Bjorn dio honor a su CazaCabezas cuando, al lanzarse al encuentro del avance implacable de sus enemigos bárbaros, las hojas de sus hachas encontraron carne que saciar el hambre de batalla. Brazos, cabezas y torsos sufrieron las mordeduras, al igual que la piel del propio bárbaro de las sombras, de armas que deseaban esparcir muerte, salvo que el bárbaro de las sombras fue mucho más eficaz, mostrando su supremacía cuando su bota descansaba sobre el pecho apenas espasmódico del líder de batalla, que aún se atrevía antes de morir a escupir sobre la pierna de su sometedor.

9MD17- Owen, por su parte, deseaba una lucha más elegante de espadas, aunque fuese a costa de chillonas criaturas de origen trasgoide. Tajo de llamas aquí, estocada de fuego allá, hojas trabajas ígneas por otro lugar, al tiempo que su escudo desviaba y devolvía violentamente oleadas de espadazos alocados, el Paladín de la Furia desahogó su fervor abrasando la carne y los huesos de los enemigos que trataban de hacerlo retroceder. En el momento en que desafiaba a combate singular al señor de la guerra trasgo, ya que su escolta había caído derrotada, la criatura cacareante intentó un impacto desesperado contra las defensas del humano, encontrando que su escudo partió en dos la hoja que trataba de dañarlo, y con el mismo ímpetu el objeto se estrellaba en el rostro del hombrecillo, hundiéndolo contra su cráneo, hasta que lo aplastó contra una pared y convirtió sus restos en un amasijo irreconocible.

9MD18- Sybil, más pendiente de mantener a ralla a los enemigos desde un enfoque aventajado, aprovechó que los enanos confiaban más en su poder de ataque que en sus tácticas defensivas, y ya que se molestaron en avanzar en falanges apiñadas, permitieron que la exploradora realizase un eficaz trabajo sin apenas molestarse en buscar blancos apropiados entre objetivos demasiado móviles. Como si de una ejecución pública se tratase, flecha tras flecha, disparo tras disparo, los enanos caían sin descanso, como el trigo segado. Tanto fue así, que los martillo negro no llegaron a alcanzar un punto cercano a la capilla por donde tratar de acceder, aunque no así fue el arrollador avance de los carniceros, quienes, cuando Sybil se percató de sus evoluciones, ya golpeaban sin descanso el pilar protector que resguardaba su acceso del exterior hasta la zona que la mujer tenía bajo su protección. A pesar de todo, no fue aquello lo que más preocupó a la dama. Un aleteo lejano y un chirrido como mezcla de pájaro y reptil hizo que sus cabellos se pusiesen de punta. Ese sonido era el inconfundible cántico de amenaza de la peligrosa Cocatriz.

9MD19- Sacudiéndose los cadáveres y heridas de su cuerpo con igual facilidad, Owen acudió al sonido del monstruo y la hueste de enanos que martilleaban sin descanso el pilar protector del santuario. Cuando vió lo que sucedía, su fervor se encendió en el pecho como las llamas de su espada. Los enanos fueron conscientes de su cercanía por el fuego de su arma, y se dispusieron a rechazarlo a duras penas, sin éxito, ya que el hombre se encargó de destrozar el brazo y el hacha de uno de los supervivientes que apenas tuvo oportunidad de soportar los daños antes de morir, al mismo tiempo que su escudo arrollaba hasta estrellar contra un muro al líder de los enanos carniceros, apuñalado con saña por la hoja ígnea hasta que dejó de respirar, brotando sólo humo de la garganta del enemigo.

9MD20- Asombrada por el ímpetu de su acompañante, Sybil decidió que su supervivencia y victoria contra el reptil-ave monstruoso pasaba por no acercarse demasiado al alcance de sus poderes, así que alzó su arco y, con una oración en sus labios a la Luz, dejó volar sus flechas.

9MD21- Aunque los ojos de la bestia intentaron liberar su poder sombrío, éstos fueron inutilizados los primeros por dos proyectiles que los atravesaron de parte a parte. El chillido de dolor del monstruo enmascaró más impactos letales en las escamas de sus brazos y pecho, impidiendo que alzara el vuelo para lanzarse con las garras de sus patas adelante en un ataque a ciegas, o quizá intentar huir para poder vivir un día más.

9MD22- Cuando los chirridos de muerte del monstruo se volvieron cada vez más débiles, y su aleteo quedó entorpecido en un movimiento borracho, la elfa dejó descansar sus dedos y vibrar por última vez la cuerda de su arco. Con la misma velocidad con que la oscilación de su cuerda se detenía y su zumbido se apagaba, también así lo hacían las ganas de vivir de la cocatriz, que apoyó lánguida su cabeza contra las rocas, exhalando su último aliento a ciegas, bajo la atenta mirada de los defensores de la Luz.

9MD23 FIN- Con calma, los pasos de Bjorn mostraron que el ardor de su ansia de lucha empezaba a calmarse, sobre todo al asegurarse todos los Portadores de la Luz que, con el paso de los silenciosos minutos, sólo se escuchaban los ecos de sus respiraciones cansadas... pero ni siquiera los animales moradores naturales de este lugar acompañaban, de momento, el sonido que los tres aliados producían al suspirar, por fin, entendiendo que la amenaza había pasado. La victoria para la Luz era sólo suya.


MISIÓN 9 - VICTORIA de los HÉROES

Las Tinieblas envolvían todo el recinto, tanto que apenas dejaban margen a observar apenas nada. Sin embargo, un fuego plateado empezó a romper la densa bruma de Oscuridad, provocando la retirada reptante lenta, pero sin remisión, de la bruma tenebrosa. De entre ella, el filo de una espada cortó la cortina de substancia con un sesgo veloz, que permitió penetrar su forma, para dejar paso a la presencia de uno de ellos: los Héroes habían sobrevivido.
Uno tras otro, desgarraron con su poder la bruma de Oscuridad mientras su voluntad alimentaba el artefacto de la Luz, brillando cada vez más intenso y penetrante, haciendo sangrar chorros de espesa niebla tenebrosa hasta el suelo, donde charcos espesos se deshacían en la nada, no dejando siquiera polvo a su paso.
Uno de ellos, agotado pero sonriente, se sentaba descuidado sobre el cuerpo de una gran bestia vil ejecutada, suspirando tras el esfuerzo titánico. Sin embargo, su sonrisa y la tranquilidad de su mirada dejaban translucir que la esperanza de los Portadores de la Luz se había convertido en una determinación tan poderosa como la determinación de la Oscuridad por prevalecer y sobrevivir.
El choque de fuerzas que estaba por llegar sería demoledor... pero no podrá decirse que la Oscuridad no había encontrado a sus más dignos rivales, quienes no estaban dispuestos a ceder ni un ápice de terreno sin plantar cara.


Hasta la próxima lucha con las Tinieblas, que la Luz os guíe.


P.D.: Aquí tenéis a uno de los Villanos de la Aventura 8

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